miércoles, 30 de abril de 2014

Leyes Espirituales

El Primer Contacto.-

Donde Estoy



Fue él el que se dirigió a mí primero. Me tomó las manos y me invitó a sentarme con él, frente a frente:
Bienvenido. Te estaba esperando

¿A mí? ¡Si no te conozco!
Yo a ti sí. Pero eso no importa ahora.

Eh, estoy... ¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado hasta aquí?
Eso tampoco importa ahora. Lo sabrás más adelante.

¿Y tú quién eres?
Llámame Isaías. Y aunque tú no me recuerdes ahora, nos conocemos, desde hace mucho, mucho tiempo.

¿Y qué relación hemos tenido tú y yo?
Considérame tu hermano mayor.

No recuerdo haberte conocido nunca.
Eso no importa ahora. Aprovecha el tiempo para preguntar cosas importantes. ¿No tenías preguntas?

¿Preguntas? ¿Qué preguntas?
¿Ahora no te acuerdas? Esas preguntas profundas que tienes desde hace mucho tiempo y para las cuales no has encontrado respuesta.

¿Y tú cómo sabes eso?
Ya he dicho que te conozco. Conozco muy bien tu interior, así que pregunta sin temor, aquí eres totalmente libre.

Me siento desconcertado. ¡Este lugar es tan maravilloso! ¡Me siento tan bien aquí! ¡Es tan diferente del mundo normal! Me siento en paz, tan lleno de... ¡No sé cómo expresarlo!
¡Tan lleno de amor...!

Es que, no sé... Porque nunca me había sentido así en mi vida. Pero es maravilloso.
Es normal. Es tu primera vez, tu primer viaje consciente aquí, en esta vida. Pero por favor, aprovechemos el tiempo. Saca a la luz tus preguntas más profundas.

No sé por donde empezar. Muchas veces me siento vacío, solo e incomprendido ¿Por qué me pasa esto? Es normal y a mucha gente le pasa. Es porque vivís en un mundo con mucha falta de amor, estando unos de espaldas a otros. Y es cierto que uno puede estar solo en el mundo, aunque tenga mucha gente a su alrededor, porque el sentimiento de soledad parte de no sentirse amado, de no sentirse comprendido. La mayoría de gente de vuestro mundo se ha acostumbrado a vivir así, sin sentir, en soledad interior, en ausencia de amor verdadero. Creéis que estáis solos porque todavía no habéis tomado conciencia de que todos vosotros sois hermanos, que compartís un mismo destino y que os necesitáis los unos a los otros para poder alcanzarlo.

¿Y cúal es ese destino común que tenemos que alcanzar?
La felicidad verdadera, que sólo es posible alcanzar a través de la evolución en el amor. El amor es lo único que puede llenar el vacío del interior.
¿Hay algo que te inquiete especialmente?

La pregunta fundamental, que me atormenta constantemente es ¿por qué existo y para qué? ¿Para qué he nacido? ¿He venido a hacer algo? Porque no sé lo que he venido a hacer.
Has venido a evolucionar.

¿Qué quieres decir con evolucionar? ¿Evolucionar en qué?
Al proceso de transformación del egoísmo en amor es a lo que llamo evolución. Evolucionar significa aprender a amar.

Me hablas de evolución en el amor. Pero no es amor lo que yo veo en el mundo. ¿Por qué el sufrimiento? ¿Por qué vivimos en un mundo que tiene tantas contradicciones, desde lo más bello hasta lo más atroz y destructivo? El odio, las guerras, el hambre, la miseria, el sufrimiento. No puedo entender qué sentido tiene todo esto. ¿Tiene algún sentido, o se lo busco pero no lo tiene?
Sí tiene un sentido, evolucionar. Todas esas calamidades de las que hablas tienen un mismo origen, la ausencia de amor, llamémosla egoísmo. Igual que la suma del egoísmo de cada persona puede hacer del mundo un auténtico infierno, como ocurre en la actualidad, cuando ese egoísmo se transforme en amor, la suma del amor de cada persona transformará el mundo en un paraíso. En vuestra voluntad está el transformaros interiormente desde el egoísmo al amor, y si lográis el cambio interior, entonces el exterior, lo que os rodea, el mundo entero, cambiará como lógica consecuencia de ello. El mundo físico en el que estáis está ahí para ayudaros a experimentar en ese proceso de transformación. Es como la arcilla para el niño que quiere aprender a modelar.

Sigo sin entenderlo ¿Evolución para qué, hacia dónde? ¿Qué sentido tiene todo ese esfuerzo si, al fin y al cabo, todo eso se va a terminar con la muerte?
La evolución de cada ser hacia una mayor capacidad de amar, de sentir y de saber, hacia mayores cotas de felicidad, no termina nunca, de lo contrario, no tendría sentido.

¿Qué quieres decir con esto?
Que el ser nunca deja de existir, es decir, es inmortal.

¿Cómo puedes decir eso si cada día vemos como mueren miles, millones de seres humanos?
Lo que muere es sólo el vehículo que utiliza el ser para manifestarse en el plano físico, es decir, su cuerpo físico. Su esencia, su conciencia, continúa existiendo.

¿Quieres decir con esto que existe la vida después de la muerte?
Sí. En realidad lo que quiero decir es que la muerte no existe, y que lo que se descompone es sólo el vehículo que utiliza el espíritu para manifestarse en el plano físico.

¿Y qué es el espíritu?
El espíritu es el ser que existe, que vive y siente. En el espíritu es donde reside la voluntad y la conciencia individual, que jamás se destruye. Tú eres un espíritu. Todos vosotros, humanos, sois espíritus, sólo que ligados a un cuerpo material durante algunas temporadas a las que llamaremos encarnaciones. Creéis que sois vuestro cuerpo físico, pero éste es sólo el vestido que necesitáis para poder actuar sobre el mundo material.

A ver si he entendido bien ¿Entonces quieres decir que el espíritu, o sea, nosotros, podemos existir de forma independiente del cuerpo?
Sí, y es lo que ocurre después de la muerte. El espíritu se separa completamente del cuerpo físico y continúa existiendo, viviendo.

¿Y no puede morir el espíritu?
No, el espíritu es inmortal. Puede evolucionar, cambiar a mejor, o estancarse, pero jamás destruirse.

Ya, pero ¿qué pruebas tenemos de que exista vida después de la muerte del cuerpo? Porque, que yo sepa, nadie ha vuelto para contarlo.
Perdona que te contradiga, pero esa afirmación no es totalmente cierta. Existen miles de testimonios de personas que estuvieron clínicamente muertas y fueron reanimadas. Muchas de ellas recuerdan haber vivido ciertas experiencias bastante fuertes y reales para ellos durante ese periodo de tiempo en el que estuvieron físicamente muertas.

¿Y estas vivencias que cuentan no pueden ser producto de una alucinación por el estado tan crítico en el que se encontraban?
Pues debe ser entonces una alucinación colectiva en la que todos se han puesto de acuerdo en alucinar lo mismo, porque todas estas personas están contando la misma historia.

Bueno, yo a veces me planteo si mi propia existencia no puede ser una alucinación...
Para alucinar es necesario existir. Hay una máxima de un pensador de vuestro mundo que dice: “pienso, luego existo.” Yo añadiría: “siento, luego existo”. Puedes dudar de la existencia de los demás, porque no es una experiencia propia. Pero de lo que uno mismo experimenta no se puede dudar, y la existencia propia es vivida y experimentada por uno mismo. Al que ha vivido y ha sentido esta experiencia no le cabe duda de que es real.

¿Y cuál es esa supuesta historia común que están contando?
La separación del cuerpo físico y la visión del propio cuerpo desde fuera. La sensación de viajar a través de un túnel oscuro, al final del cual se percibe una luz intensa. El encuentro con familiares o amigos anteriormente fallecidos. Un diálogo con un ser luminoso. La visión retrospectiva de la propia vida... Hasta experimentar el regreso al cuerpo, con un posterior cambio de valores vitales y una nueva percepción del fenómeno de la muerte. Son personas que dejan de tener miedo a morir porque ya han experimentado que la vida continúa y que lo que viene después es mucho mejor que lo que dejan.

Bueno, creo que son impresiones que no dejan de ser subjetivas.
Analizados aisladamente y de manera superficial es muy fácil desacreditar estos testimonios. Pero cuando algún fenómeno se repite, con unas características tan notablemente parecidas, con independencia del país, la cultura y las creencias previas, tanto en adultos como en niños, creo que al menos invita a que se haga un estudio serio al respecto. Existen investigadores muy serios y reconocidos de vuestro mundo que se han dedicado a estudiar concienzudamente las experiencias cercanas a la muerte, y a recoger los testimonios de estas personas, como el psiquiatra y filósofo norteamericano Raymond Moody, o el médico pediatra e investigador en neurología Melvin Morse, que ha trabajado con niños que han tenido este tipo de experiencias, entre muchos otros. Te aconsejo que te leas sus libros Vida después de la Vida y Más cerca de la Luz.

Aun así me parece un soporte poco consistente, casi accidental, para utilizar como prueba de la existencia de vida después de la muerte.
Proporcionalmente, existen pocos casos de muerte clínica y reanimación respecto a los que mueren y no vuelven.
Existen muchos más testimonios, precisamente de personas moribundas, que están en proceso de separación definitiva del cuerpo, al que llamáis muerte, porque durante este proceso muchas de ellas afirman
ver y conversar con sus seres queridos ya fallecidos o con otros seres luminosos que les preparan para la transición al otro lado. En casi todas las familias alguien recuerda un testimonio de estas características sucedido a algún familiar ya fallecido. Pero normalmente se suele creer que está alucinando. Nuevamente, parece ser que, cuando se acerca la muerte, todo el mundo se pone de acuerdo para alucinar lo mismo en todas las partes del mundo. También ha habido muchos estudiosos, como la prestigiosa psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross, que se han dedicado a estudiar en serio este tema. Te invito a que leas su libro La muerte, un amanecer.

Pero todos estos son casos de personas que, aunque hayan estado cercanas a la muerte, están físicamente vivas.
También existen los testimonios de personas que contactaron con seres no encarnados, más frecuentemente con seres queridos fallecidos recientemente, que se despiden de ellos en sueños muy vívidos o en apariciones a pie de cama. También éste es un caso bastante frecuente, aunque menos estudiado por los investigadores.

Aun así, creo que debería haber pruebas más sólidas, no sólo limitadas a la interfase entre la vida y la muerte.
Existen médiums (personas sensibles) que tienen un contacto más frecuente y duradero con el mundo espiritual.

Esto todavía me parece más difícil de creer.
No lo creas a priori, pero estúdialo, analiza los mensajes recibidos, porque por la calidad del mensaje conocerás al autor.

¿Y cómo podemos saber que esto no es un fraude, es decir, que el supuesto médium no finge ser un difunto cuando es él mismo?
El fraude es siempre posible. Pero, al igual que porque algunas personas falsifiquen dinero no quiere decir que todo el dinero sea falso, porque algunas personas finjan ser médium no quiere decir que todos los médium sean impostores o aprovechados. La mejor garantía contra el fraude es que el médium sea una persona honesta en su vida cotidiana y no emplee su facultad para su propio lucro. Hay muchas más personas con algún tipo de mediumnidad innata de las que pensáis,  despertándose ésta ya en la niñez. Pero debido al rechazo e incomprensión que generalmente reciben de su entorno, tienden a reprimirla, y los pocos que consiguen desarrollarla convenientemente y emplearla para el bien común, lo hacen discretamente, para no ser objeto de burla y descalificaciones que les perjudiquen en su vida cotidiana.

¿Y por qué unas personas son médiums y otras no? ¿De qué depende esto?
Depende del programa evolutivo de cada espíritu. Es una circunstancia, la de ser médium, que se elige y se conoce antes de encarnar, y, cuando se utiliza correctamente, le sirve al poseedor de la facultad para avanzar más rápidamente en su evolución, a través de la ayuda que presta a otras personas. Está muy relacionado con los actos que el espíritu realizó en otras vidas.

¿Quieres decir entonces que el espíritu existe antes de nacer y que ha vivido otras vidas?
Así es. Y en la actual vida física, las circunstancias y pruebas que el espíritu se encuentra están estrechamente relacionadas con las decisiones que tomó en las vidas físicas pasadas, y en el periodo de vida
entre encarnaciones, no ligado a un cuerpo físico.


¿Y qué pruebas tenemos de que existan vidas anteriores, es decir, de que exista la vida antes del nacimiento?
Existen los testimonios de personas que tienen recuerdos de vidas pasadas, que pueden ser espontáneos (sobre todo en niños) o inducidos través de hipnosis regresiva. Hay bastante bibliografía al respecto.
Respecto al recuerdo en niños, te recomiendo que leas el trabajo de Ian Stevenson, un médico psiquiatra canadiense, que se dedica al estudio de los supuestos casos de reencarnación en aquellos niños pequeños que "recuerdan" una "vida anterior". En la actualidad lleva estudiados más de 2500 casos de posible reencarnación en todo el mundo. Ha publicado más de 20 libros y diversos artículos en revistas especializadas de Psicología y Psiquiatría. Te recomiendo su libro Veinte casos que hacen pensar en la reencarnación.

¿Y no puede ser todo esto fruto de la imaginación?
Admitiendo que haya casos que puedan ser fruto de la imaginación o de alguna alteración psíquica, o de cualquier otra razón, existen muchos otros en los que las personas recuerdan detalles muy concretos de la vida pasada anterior que han sido históricamente comprobados.
Recuerdan lugares, acontecimientos, nombres, con mucho detalle, muchos de ellos vividos en países en los que la persona jamás ha estado en su vida actual. Los casos más llamativos son aquellos que suceden en niños de corta edad, que pueden incluso hablar espontáneamente en un idioma al que jamás han estado expuestos en la vida actual, siendo éste un recuerdo del idioma que hablaron en la vida anterior. Suelen ser niños de entre 2 y 4 años de edad, que empiezan a hablar a sus padres o hermanos de una vida que tuvo en otro lugar y en otro tiempo. El niño suele sentir una atracción muy fuerte hacia los hechos de esa vida y con frecuencia insiste a sus padres en que lo dejen volver a la familia en la que afirma haber vivido anteriormente.

Bueno, los niños tienen mucha imaginación. Es complicado darle credibilidad a estos testimonios.
Pues se trata de una imaginación prodigiosa, cuando lo que “imaginan” se demuestra que es una realidad. Por otra parte, hay muchos casos de personas adultas que recuerdan vidas anteriores cuando son sometidos
a regresiones hipnóticas.

¿Y no puede ser que esa supuesta vida recordada sea fruto de la imaginación, sugestionada por la propia hipnosis?
Vuelvo a repetir lo mismo. Admitiendo que haya casos que puedan ser fruto de la imaginación o por cualquier otra razón, existen muchos otros en los que las personas recuerdan detalles muy concretos de la vida pasada anterior que han sido históricamente comprobados. También resulta llamativo que muchas personas, y en contra de sus creencias religiosas, que no admiten la existencia de la reencarnación, cuando son sometidas a hipnosis regresiva recuerden acontecimientos de vidas anteriores. Pero todo ello requiere un estudio serio y exhaustivo, para poder separar lo que puede ser sugestión de lo que es un posible recuerdo de otra vida. Existen muchos estudiosos serios que se han dedicado a explorar la posibilidad de la existencia de vidas anteriores a través de las respuestas obtenidas de personas sometidas a hipnosis regresiva, como la psicóloga Helen Wambach, autora del libro Vida antes de la vida, el psiquiatra Brian Weiss y su libro Muchos cuerpos, una misma alma), o el anteriormente citado Raymond Moody, en su libro Regresiones. Todos ellos han que explorado las respuestas a las preguntas realizadas bajo hipnosis a miles de personas acerca de sus posibles vidas antes del nacimiento, han reconocido una serie de elementos comunes en estas experiencias y han llegado a conclusiones semejantes.

¿Y cuáles son esas conclusiones?
Que la vida física no es más que un instante de la vida real, que nunca acaba. Que la muerte del cuerpo no es el fin, sino una etapa de transición hacia otra existencia menos limitada. Que todos nos vamos a reencontrar con los seres queridos que se fueron al otro lado antes que nosotros y que también nos los vamos a encontrar en encarnaciones posteriores. Nos dicen que realmente existe un plan para cada uno de nosotros, que pretende que vayamos creciendo, tanto en sabiduría, como en amor, y que sea por nuestros propios méritos, a base de experimentar en el plano físico, con libertad. Que las circunstancias a las que nos enfrentamos en la vida no son fruto del azar, sino consecuencia de los actos realizados en vidas anteriores. 
Que antes de nacer ya conocemos las pruebas a las que nos vamos a enfrentar en la vida y que nos preparamos concienzudamente para intentar superarlas con éxito.

No entiendo cómo pueden sacar estas conclusiones de lo vivido en otras vidas físicas, si en esas vidas tenemos la misma conciencia que en esta, es decir, somos tan inconscientes de la existencia de vidas pasadas como en esta.
Porque muchos de ellos no sólo recuerdan los detalles de vidas pasadas, sino que, al mismo tiempo, recuerdan el motivo por el que tuvieron que pasar por ciertas vidas y pruebas. Es decir, también recuerdan lo que les sucedió en los periodos entre vidas físicas, en los cuales no estaban encarnados. Hay investigadores que se han dedicado a investigar específicamente esos recuerdos de periodos entre encarnaciones, como el doctor en psicología Michael Newton. El Dr. Newton se ha especializado en inducir estados hipnóticos muy profundos en los que las personas recuerdan el espacio entre una vida y otra y las decisiones que los llevaron a encarnar precisamente en determinado tiempo, con determinada familia y bajo determinadas circunstancias. Te recomiendo sus libros Vida entre vidas y Destino de las almas.

¿Y qué tipo de pruebas o circunstancias son esas que tenemos que pasar en cada vida y por qué?
Muchas de esas pruebas consisten en experimentar en nosotros mismos aquello que hemos hecho a los demás, en enfrentarnos a las consecuencias de las situaciones que nosotros mismos hemos provocado, para que tomemos conciencia del sufrimiento o felicidad que estas acciones han tenido sobre los demás. Las pruebas son de lo más variopintas, pero en general son pruebas que tienen la intención de que nos vayamos desprendiendo del egoísmo y creciendo en amor.

¿Y es necesario morirse o vivir una experiencia cercana a la muerte para experimentar la conciencia de que tú eres tu espíritu y no tu cuerpo?
No. De hecho todos vosotros tenéis la capacidad de separaros temporalmente de vuestro cuerpo, y así sucede de forma inconsciente en una etapa del sueño. Pero hay gente que es capaz de conseguir inducir esta separación de forma consciente a través de ciertas técnicas de relajación. Los viajes astrales aportan pruebas de que la conciencia no está ligada al cuerpo.

¿Qué es un viaje astral?
Es una separación temporal del cuerpo ¿Pero por qué preguntas lo que ya sabes? ¿Acaso no has llegado aquí de esa forma?

Yo sólo estaba intentando probar lo que otros han descrito. Una cosa es la teoría y otra la práctica ¡No me esperaba que fuera a ocurrir algo así!
Pues ocurre. Tu cuerpo no está aquí. Está tumbado en tu cama. Pero tú sí.

¿Quieres decir que, no sólo podemos vivir sin estar ligados a un cuerpo, sino que estando físicamente vivos podemos salir y volver del cuerpo sin que se produzca la muerte?
Así es.

¿Qué es lo que se separa exactamente?
Se separa el espíritu del cuerpo físico que, como ya he dicho, sólo es un revestimiento que se utiliza para poder actuar en el mundo físico. Sin embargo, esta separación es solo temporal y siempre existe un nexo entre los dos que nunca se rompe y que permite la vuelta al cuerpo físico sin que haya ningún tipo de problema de salud. Es el llamado cordón de plata.

¿Qué es el cordón de plata?
Es el nexo de unión entre el cuerpo astral y físico, como un cordón umbilical que permite aportar al cuerpo físico la energía vital que necesita para continuar con vida en ausencia del cuerpo astral. Los clarividentes suelen describir este "cordón" como una especie de hilo muy elástico de tono plateado, extensible hasta el punto de que por mucho que se separe el cuerpo astral del cuerpo físico, el cordón siempre da de sí lo necesario, es decir, se alarga hasta grandes distancias cuando el espíritu se separa y viaja lejos del cuerpo físico.

¿Y dónde va el espíritu cuando se separa del cuerpo?
Donde su pensamiento le lleva, al mundo astral, y ese es un viaje natural que responde a una dinámica necesaria en el desarrollo humano. Esas visitas nocturnas procuran a la persona energías y experiencias que le ayudan más tarde en su vida física, puesto que allí es asistido por entidades espirituales más avanzadas que le aconsejan y guían. Si quieres saber algo más, te aconsejo que leas el libro El viaje astral de Oliver Fox.

¿Cuerpo astral? ¿Mundo astral? ¿Entidades espirituales? ¡Buf! ¡Espera un poco! ¡Esto va demasiado rápido para mí!
Bueno, yo sólo intento responder a lo que tú me preguntas. Pero, como vamos saltando de unas cosas a otras, no podemos profundizar en nada. Si te parece lo que podemos hacer es dejarlo aquí por el momento, porque ya es hora de que vuelvas al cuerpo. Ahora ya tienes algunas cosas sobre las que ir indagando por tu cuenta, y reflexionando.
Busca los libros que te he recomendado e intenta leerlos. Te servirán como prueba para confiar en que todo esto que has vivido no es una alucinación de tu mente, sino una auténtica realidad.

No sé si me acordaré de todo...
No te preocupes. Si pones tu voluntad, recordarás lo que necesites para encontrarlos. Recoge las nuevas preguntas que te vayan surgiendo durante ese tiempo para formularlas en las próximas ocasiones en que nos veamos, si es que quieres que nos sigamos viendo.

¿Cuándo nos volveremos a ver?
Depende de ti. De si quieres seguir profundizando en los temas que tan superficialmente hemos comenzado a abordar, o prefieres quedarte como estás.

A medida que vamos hablando me van surgiendo más preguntas, respecto a la evolución, a la inmortalidad del espíritu y estas cosas.
Guárdalas para la próxima ocasión. Lo que podemos hacer es ir abordando las preguntas por temas aunque, como verás, es casi imposible profundizar en algún aspecto sin necesariamente entrar en otro tema. También las respuestas sugieren otras preguntas que requieren más explicación.

Pero tienes que entender que de momento mantenga una postura de escepticismo respecto a lo que cuentas.
Lo comprendo. Sé que tu búsqueda de respuestas es sincera y que estás abierto a escuchar, de lo contrario yo no estaría aquí. Percibo que has escuchado detenidamente y que necesitas tu tiempo para meditar lo que hemos hablado. Eso es suficiente para mí. Hasta la vista, hermano.

Adiós Isaías.
Y, casi sin darme tiempo a despedirme, sentí un fuerte tirón. Y con la misma velocidad con la que había salido catapultado hacia fuera, sentí como si me lanzara en caída libre a la velocidad del rayo hasta precipitarme sobre mi cuerpo. La vuelta al cuerpo fue muy dura. ¡Qué contraste con la liviandad de estar fuera del cuerpo, con la dulce y serena vibración que sentí en aquel lugar de ensueño! Sentí frío. Me sentí mareado, con ganas de vomitar y pesado, como si me hubiera puesto un traje de plomo que pesara cien kilos. Al principio no podía moverme, no podía hablar. Fue entonces cuando comencé a tomar conciencia de lo que me había pasado. Estaba impactado. Lloré de emoción.

Aquella había sido la experiencia más extraordinaria de mi vida. Durante los meses siguientes intenté volver a la normalidad. Pero por mucho que  lo intentaba no podía ver las cosas de la misma manera. Casi todo me parecía banal. Las preocupaciones cotidianas, el trabajo. Muchas veces me quedaba como ido, sin escuchar, sin ver lo que había a mi alrededor, pensando en aquella experiencia. Me daban ganas de contárselo a la gente, a la familia, a algún amigo. Pero luego mi sentido común me decía que no me esforzara, que no lo iban a entender, que me iban a tomar por un loco. Me sentía un extraño, como si fuera extraterrestre. Me preguntaba cuánta gente habría experimentado aquello. Con el tiempo comenzaron a surgirme dudas ¿Y si todo hubiera sido una alucinación, fruto de mi imaginación? Para intentar contrarrestarlas recordé algo que Isaías me dijo: “Busca los libros que te he recomendado y léelos. Te servirán como prueba para confiar en que todo esto que has vivido no es una alucinación de tu mente”. Me puse a buscar por Internet los libros. 
No podía recordar los nombres y los títulos, pero sí palabras y nombres que recordaba de nuestra conversación.
Puse en Google “reencarnación, vidas pasadas, vida después de la muerte”, y empezaron a surgir los nombres de autores y títulos, y pude reconocer entre ellos los que Isaías había mencionado. Los estudié con
detenimiento, confirmando punto por punto lo que él me había dicho. Si aquello había sido una alucinación era realmente muy acertada.

Volví a tener ganas de ver a Isaías. De que su mirada dulce me reconfortara. De sentirme otra vez en paz. Los libros me habían ayudado a saber que había otra gente intentado responder a las mismas preguntas que yo, y que ellos, por su parte, habían emprendido un camino para intentar responderlas. Pero también me generaron muchas más preguntas, preguntas que iba anotando en una libreta y que repasaba mentalmente de vez en cuando para poder recordarlas, por si tenía oportunidad de volver a ver a Isaías. Aunque me costaba
reconocerlo, necesitaba que Isaías me siguiera explicando, aclarando dudas, porque aquel anciano joven había conseguido por primera vez que las respuestas de alguien me llegaran muy profundamente.

Además, ¡me hacía sentir tan bien, tan querido...! Seguía siendo escéptico, pero algo en mi interior me decía que estaba en el camino correcto. Así que retomé los ejercicios de relajación con la esperanza de volver a contactar con Isaías. Y me volví a salir del cuerpo. Está vez no necesité tanto esfuerzo. En sólo cinco sesiones estaba fuera. Volví a experimentar las mismas sensaciones, el mismo viaje. Y allí estaba él.

Esperándome de nuevo, con una sonrisa en la cara y su mirada
enternecedora de la primera vez.

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