viernes, 28 de marzo de 2014

Algo de Sabiduria El Perdón

EL PERDON

Perdonar es aceptar el posible error del otro como algo natural, es ponernos en el lugar de la otra persona y comprender. De esta manera el perdón se convierte en una gracia que recae sobre el que perdona. 

el Perdón

Esta aceptación no implica estar de acuerdo con el otro, pero sí asimilar la enseñanza que subyace en todo agravio. Cuando se perdona, el SER de cada uno se libera y encuentra una gran paz interior, porque acepta que todo forma parte de una evolución particular, de cada ser que interviene en el acto.

... Y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. ¡Qué gran frase!, y que poco se pone en práctica. Le pedimos a Dios que nos mida por el rasero que nosotros medimos a los demás, ¡qué gran responsabilidad la nuestra! Por suerte la misericordia de Dios es infinita y en ella no cabe el agravio, pues el perdón es cosa de dioses, y para llegar algún día a serlo debemos empezar por perdonar.
Continua...


El perdón debe empezar siempre por uno mismo. Este acto denota sabiduría por parte del ser que lo ejercita hacia sí mismo. Cuando sabemos perdonar, cuando nos sacamos el pesado lastre de la culpabilidad y comprendemos que por ser humanos tenemos implícito equivocarnos, aceptamos nuestro error como algo natural. En realidad estamos adquiriendo sabiduría, que más tarde la podremos aplicar hacia los demás, puesto que nos reconoceremos en sus actos y comprenderemos que nosotros, en el sitio del otro, actuaríamos probablemente de la misma forma. Por consiguiente, perdonar es comprender, ya que el otro hace la función de espejo y refleja nuestras faltas y nuestra forma de ser; realmente no estamos perdonando al otro, sino a nosotros mismos, aquí se encierra la inmensidad del perdón.

Para llegar a estos niveles de perdón, se ha de desarrollar una gran humildad que nos haga entender cuán frágiles son nuestras promesas y los actos que realizamos a lo largo de nuestra vida. Esto es debido a nuestra falta de clarividencia en las acciones. Hemos de empezar, pues, por desarrollar esa clarividencia, para que nos abra el camino del auténtico conocimiento. Entonces observaremos que nunca hay agravio en ninguno de los seres que actúan, porque entenderemos que todo tiene una razón de ser y que los únicos culpables de nuestras malas situaciones somos siempre, y repito, siempre: nosotros.
Enric Corbera


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