jueves, 22 de mayo de 2014

Leyes Espirituales

AMOR VS EGOISMO 4º PARTE


AMOR VS EGOISMO 4º PARTE


¿Cómo vencer la lujuria?
Respecto a la lujuria, la única manera de vencerla es admitir que ese vacío del interior que intenta llenar con sexo procede de la falta de sentimiento y que sólo el sentimiento será capaz de llenarlo.

¿Cómo vencer la lascivia?
Tomando conciencia de que se trata de una manifestación de la vanidad, y que por ese camino uno jamás conseguirá ser feliz.
Desgraciadamente, en la mayoría de casos, la lascivia suele ceder sólo cuando sobreviene la pérdida de la juventud, de la belleza física y del vigor sexual, y la persona pierde su atractivo sexual, o su cuerpo deja de responder a los deseos sexuales de la mente. Como consecuencia de todo ello, se esfuma el cortejo de admiradores y también el principal aliciente de su vida hasta ese momento. La persona se encuentra entonces con la cruda realidad, que ha realizado una vida superflua, cultivando relaciones de conveniencia y vacías. Se ha rodeado de personas que estaban con ella sólo por su atractivo físico y que, una vez éste se ha perdido, desaparecen como por arte de magia. Tal vez sólo queden algunas personas que la quisieron de verdad, a pesar de su egoísmo, a las que seguramente prestó poca atención. En ausencia del arma que usó para conseguir satisfacer su vanidad, la belleza exterior, se enfrenta a una nueva etapa mucho más auténtica, en la que tendrá que esforzarse por sacar algo bello de su interior para conseguir atraer a alguien a su lado. Así también podrá apreciar la diferencia entre las relaciones de conveniencia y las de sentimientos, y aprenderá a valorar más estas últimas.

¿Quiere decir esto que sólo son lascivas las personas que son bellas y atractivas?
No, pero mayoritariamente suelen ser las que se dejan atrapar más profundamente por la lascivia, ya que otras personas vanidosas que no son físicamente atractivas, aun queriendo, no pueden utilizar el atractivo físico como reclamo para conseguir lo que quieren. En estos casos la vanidad les hará despertar la envidia y el deseo insatisfecho por alcanzar la belleza que otros tienen y que ellos no ven en sí mismos, llegando a obsesionarse por perder peso y a realizarse mil y una operaciones de cirugía estética, para lograr verse más atractivos. Hay muchas personas que son físicamente atractivas que también se dejan atrapar por esta obsesión por poseer un cuerpo perfecto, una manifestación de la vanidad llamada “narcisismo” o “culto al cuerpo”.

¿Podrías exponer con mayor amplitud en qué consiste el narcisismo o “culto al cuerpo”?
Como digo, se trata de una más de las manifestaciones de la vanidad, en la que se exalta la belleza física propia como el valor máximo al que uno puede aspirar. El inconformismo con el propio físico y la búsqueda del “cuerpo perfecto”se convierte en una obsesión, una enfermedad psicológica que hace cometer a la persona todo tipo de aberraciones, como dejar de comer, consumir todo tipo de substancias adelgazantes, vigorizantes, excitantes, etc, colocarse todo tipo de prótesis, poniendo incluso en riesgo su propia vida. La persona atrapada bajo el influjo del narcisismo jamás se conforma con su físico. Invierte todo su tiempo, su energía, su voluntad y su dinero en modificarlo, creyendo que se trata de sí mismo, cuando en realidad no es más que un vestido que utiliza para operar en el mundo físico. Alberga la falsa ilusión de que llegará el día en el que alcanzará su cuerpo ideal y será feliz, alentada en esa creencia por la industria de la estética, la cosmética y el consumismo, que se lucra a su costa. Pero esta ilusión es sólo una trampa tendida por el defecto, porque la felicidad no se consigue de ese modo. Sólo se consigue a través del progreso en el amor. 

Por ello, la insatisfacción crece más y más. Y mientras, el reloj biológico transcurre inexorablemente hacia la vejez, pareciendo que el proceso natural de envejecimiento va frustrando todas las conquistas realizadas con tanto esfuerzo. Y así pasa la vida y llega el momento de dejar definitivamente el que fuera un bello cuerpo físico, condenado inexorablemente al proceso de descomposición natural. Cuando el espíritu vuelve al mundo espiritual toma conciencia del tiempo y esfuerzo malgastado inútilmente en embellecer algo ajeno a uno mismo, un cuerpo que se pudre ahora en una tumba, y de lo poco que ha dedicado a mejorar lo que perdura, lo que uno es, el espíritu. Pero no hay nada irremediable, ya que la vida del espíritu continuará y podrá volver a encarnar para volver a hacer lo que no quiso en la vida que malgastó creyendo ser el cuerpo que vistió.
Visto de ese modo, la belleza física es casi un obstáculo para el progreso del espíritu.
No creáis por lo que he dicho que la belleza es un atributo negativo en sí mismo. Al contrario, porque a medida que el espíritu avanza, los cuerpos en los que el espíritu encarna son cada vez más perfectos, más bellos, en consonancia con la belleza del interior de los espíritus que encarnan en ellos, y así ocurre en los mundos físicos espiritualmente más avanzados que el vuestro. Pero sí puede ser un arma de doble filo en los mundos primitivos, en manos de espíritus poco avanzados. Para los espíritus poco avanzados, inmersos en la etapa de la vanidad, el atractivo físico es un arma para dar rienda suelta a toda su vanidad, y la utilizan con este fin. Saben que aunque se comporten como personas caprichosas, groseras, maleducadas, altivas, su belleza física les proporcionará lo que desean: admiradores, personas que estén a su disposición para complacerles. 

¿Para qué esforzarse por ser buenas personas si consiguen lo que quieren con la deslumbrante belleza de su cuerpo?... 
Hasta que les sobreviene la vejez y entonces se quedan solos, porque pierden el único atractivo que tenían y se hunden en su propia miseria moral, ya que jamás han luchado por mejorar su interior, tan ocupados como estaban en mantener su exterior bello y atractivo.

¿Cómo se vence el narcisismo?
Cuando uno toma conciencia de que no es su cuerpo y que por tanto no debe tomarse tantas molestias por él. Que para ser uno feliz se debe dedicar a cultivarse a sí mismo, su interior. Muchos espíritus que han caído en la trampa de la belleza física lo saben. Por ello eligen cuerpos menos agraciados para las próximas encarnaciones, porque no quieren desperdiciar más vidas dedicadas a la autocontemplación de su cuerpo, sino que quieren vencer sus defectos, mejorarse como personas.

Y si el tener un bello cuerpo les va a resultar motivo de tentación, prefieren no tenerlo, de momento.
¿Y un orgulloso no puede caer en “el culto al cuerpo”, es decir, no puede sentirse insatisfecho con su cuerpo y desear ardientemente ser bello para resultar atractivo?
Por supuesto, pero por motivos diferentes al vanidoso. El orgulloso va buscando más ser querido que ser el centro de admiración. Y erróneamente cree que siendo más bello será más querido. Si se trata de un orgulloso guapo, el chasco vendrá cuando descubra que las personas que están a su alrededor no están con él porque lo quieren, sino porque están enganchadas a su físico, o a algún otro atractivo que posee, y que cuando se aburran o encuentren alguna persona con un atractivo mayor, no dudarán en abandonarle.

¿Y por qué nos identificamos tanto con nuestro cuerpo y tan poco con nuestro espíritu si en realidad somos lo segundo y no lo primero?
Porque es lo que en vuestro mundo se enseña: que el espíritu no existe y que uno es su cuerpo. Y es que en vuestro mundo hedonista las cualidades que se aprecian son las de la materia (la belleza física, la riqueza, el poder) y se desprecian las cualidades del interior (la sensibilidad, la bondad, la humildad, la modestia). En el mundo espiritual ocurre exactamente lo contrario: se aprecian todas las cualidades espirituales, y la humildad es una de las más valoradas, mientras que las externas, al no ser cualidades del espíritu, no tienen ningún valor. Se las considera accesorios circunstanciales, ya que varían de unas vidas a otras, como cambia el vestuario del actor, cuando cambia de obra de teatro. Uno puede ser guapo en una vida y feo en la siguiente, rico en una vida y pobre en la siguiente.
El espíritu, cuando está desencarnado, tiene muy claras las diferencias, y sabe que viene a mejorarse espiritualmente. Pero al encarnar, la asociación con el cuerpo y el olvido del pasado espiritual, así como la influencia de la cultura en la que encarna, hacen que el espíritu de voluntad débil en sus propósitos de mejora espiritual acabe por identificarse completamente con su cuerpo, y que su mente rechace las manifestaciones espirituales, tanto las vividas en primera persona como las de otras personas.

¿A qué te refieres con manifestaciones espirituales?
Todas aquellas que demuestran la existencia del espíritu y sus facultades, como el contacto con seres desencarnados, los viajes astrales, la intuición de los sentimientos propios y de los demás, la percepción extrasensorial, etc. A mucha gente que ha tenido este tipo de vivencias se la considera desequilibrada mental. Y a no ser que se trate de un espíritu bastante avanzado, que confíe mucho en su propia intuición espiritual, puede llegar a convencerse de que está loco y que necesita tratamiento psiquiátrico.

El miedo
El miedo es un sentimiento de inquietud, turbación y desasosiego, provocado por la percepción de un peligro, una amenaza que puede ser real o ficticia, contra uno mismo o contra alguien querido. La persona afectada por el miedo se siente muy insegura de sí misma, indefensa, y duda de cada decisión importante que toma porque espera una consecuencia negativa de ella, algún daño emocional o físico. Además ocurre que el miedo alimenta al miedo. Quiere esto decir, que el miedo hiperexcita la mente para que, a partir de situaciones reales, cree situaciones imaginarias en las que aparezca una amenaza que sólo existe en la imaginación, pero que la persona acaba creyendo que es real, incrementándose así su temor, ya no sólo por amenazas reales, sino también por amenazas imaginarias. El miedo también genera preocupación, porque uno intenta anticiparse mentalmente a todas las situaciones amenazantes, buscando la manera de salir indemne en cada una de ellas. El terror y el pánico son percepciones de miedo intenso y agudo, altamente traumatizante.
El miedo es uno de los sentimientos más perniciosos para el avance del espíritu, porque impide que se manifieste tal y conforme es. Incluso tratándose de un espíritu bienintencionado y con voluntad de avanzar, si no supera los miedos puede quedarse estancado en su evolución durante bastante tiempo.
Pero, entiendo que no todos los miedos son iguales.
No, claro. Pero, en general, los miedos hacen que el espíritu se reprima, se inhiba de actuar conforme siente, incluso reprima totalmente sus sentimientos, ahogándolos. Por ello se estanca.

Pero, ¿miedo a qué, exactamente?
El miedo más común es el miedo a la reacción negativa de los demás contra uno mismo. Variantes de miedos que entrarían dentro de esta definición serían el miedo a no ser querido, a no ser comprendido, a ser rechazado, a ser despreciado, miedo a la agresividad (violencia física o psíquica), miedo a la soledad. Como digo, el temor a la reacción negativa de los demás contra uno mismo alimenta a su vez el miedo a manifestarse uno tal y conforme es. La persona que se deja llevar por este miedo acaba por amoldarse a una forma de ser que no es la suya, sino que es la que los demás quieren que sea. Los demás pueden ser personas cercanas, queridas por la persona o al menos personas de las que el espíritu espera cariño, generalmente de la familia (madres, padres, hermanos, pareja, etc), pero también se puede extender en general a cualquier relación humana. Este miedo es muy frecuente que provenga de la infancia, cuando el niño ha sido objeto de maltratos y/o abusos físicos y/o psicológicos, dentro o fuera de la familia.

Otros miedos que no entrarían en la definición anterior serían el miedo a lo desconocido, el miedo a la muerte, y el miedo al sufrimiento (físico o psíquico). El miedo a lo desconocido genera inseguridad porque en lo desconocido uno siempre imagina grandes amenazas y peligros. El miedo a la muerte es en realidad un miedo a lo desconocido, miedo a lo desconocido que pueda venir después de la muerte o a que lo que venga después de la muerte sea lo peor, la nada.

Hay todavía un miedo más, el gran miedo del ser humano, que merece una mención especial, y del cual derivan el resto de miedos, y es el miedo a conocerse a uno mismo, el miedo a descubrir cómo somos realmente, con nuestros defectos y nuestras virtudes.
Tenemos miedo a descubrir nuestros defectos. Creemos erróneamente que si tomamos conciencia de nuestros defectos sufriremos más, porque tenemos grandes problemas en admitir el egoísmo propio, y la mayoría de nuestros males provienen de ese egoísmo. Tomar conciencia hace sufrir a nuestro “amor propio”, que no deja de ser una manifestación de egoísmo, pero no al yo espiritual, que está deseando desprenderse del egoísmo para ser feliz. Y para desprenderse del egoísmo hay que tomar conciencia, primero, de que lo tenemos y segundo, de cómo se manifiesta. No hay que tener miedo de admitirlo, porque todos lo tenemos y estamos en un punto u otro de ese camino de desprendimiento del egoísmo. Pero si, por miedo a conocernos, camuflamos nuestro egoísmo durante mucho tiempo, nos estancaremos y sufriremos mucho más.
También tenemos miedo a descubrir nuestras virtudes o manifestaciones del amor, como el sentimiento, la sensibilidad, la humildad, la ternura, la compasión y el altruismo porque tenemos miedo de sufrir, de que nos hagan daño, de que se aprovechen de nosotros, si las ponemos en práctica. De ahí procede el miedo a la reacción negativa de los demás contra uno mismo. Pero si vencemos ese temor y, a pesar de todo, luchamos por ser nosotros mismos, por despertar nuestro yo amoroso, la felicidad del interior será tan fuerte que podrá con todos los sufrimientos y todos los ataques que podamos recibir del exterior. El miedo a la muerte también deriva del miedo a conocerse uno mismo. Se tiene miedo a la muerte porque se cree que es el final, la aniquilación de nuestro yo, de nuestra conciencia. Si uno pierde el miedo a profundizar en sí mismo, podrá oír la voz del espíritu que le grita desde muy adentro:
“¡La muerte no existe! ¡Eres inmortal!” Entonces el miedo a dejar de existir, el miedo a la muerte, desaparecerá.

¿Qué consecuencias concretas tiene el miedo respecto a la evolución del espíritu?
Como ya he dicho, la consecuencia más nefasta del miedo es que el espíritu se inhibe de manifestarse tal y conforme es, de actuar conforme siente. Cuando una persona no es ella misma, no puede progresar espiritualmente, ya que su voluntad está aprisionada. No toma decisiones libremente, sino siempre atenazada por el miedo. El miedo decide por ella. No se atreve a afrontar ninguna circunstancia que le pueda ser útil en su evolución espiritual, porque el miedo le hace creer que no va a poder superarla.
El miedo es el sentimiento a través del cual los poderosos de la Tierra manipulan a la humanidad y la mantienen en un estado de estancamiento espiritual, creando una amenaza, un enemigo imaginario, detrás de todos aquellos retos espirituales que el ser humano quiera emprender, haciendo renunciar a la gente a ellos a cambio de una falsa seguridad que ellos dicen aportar. Y es que ellos también tienen miedo. Miedo a que, por el despertar de la espiritualidad, del amor y la fraternidad humanas, sus abusos sean descubiertos, sus crímenes sean juzgados y condenados, y se vean desposeídos de sus privilegios, de toda su riqueza y su poder conquistado a base de engañar, oprimir y explotar al resto de seres humanos.

¿Me puedes poner algún ejemplo?
Por ejemplo, generan el miedo a todos aquellos movimientos en pro de la fraternidad humana universal, inventando un poder ultramaléfico que se aprovechará de su ingenuidad para crear un régimen de terror.
Generan el miedo a la implantación de sistemas políticos y económicos más justos basados en la solidaridad y la cooperación por el bien de la humanidad entera, augurando que tras ellos vendrá el caos, la anarquía, el desorden y la debacle económica. Presagian que la libertad traerá el libertinaje, que el libre pensamiento traerá ideas perniciosas, que el libre sentimiento traerá el vicio, la perversión, la inmoralidad. Tienen miedo de que la humanidad terrestre descubra que existen humanidades en otros planetas que viven en el amor, y que tomen ejemplo de ellas. Por ello ocultan cualquier evidencia de vida extraterrestre y fomentan el miedo al contacto con seres de otros mundos a través de películas en las que se hace ver que los extraterrestres son seres con apariencia abominable (insectos, reptiles, virus) que se meten dentro de los humanos y que tienen la intención de destruir la humanidad. Tienen miedo a que el ser humano descubra su inmortalidad, y el propósito de la vida, que es el mejoramiento espiritual a través descubrimiento del amor, y comience a trabajar por ello. Por ello niegan cualquier evidencia de la existencia de la vida más allá de la muerte, amparándose en los dogmas de una ciencia materialista y, al mismo tiempo, fomentan el miedo a profundizar en lo que ocurre más allá de la muerte física y al contacto con el mundo espiritual, a través de películas en las que toda la vida después de la muerte aparece como algo espantoso, a través de la creación de personajes terroríficos como fantasmas, demonios, vampiros y zombis sedientos de sangre, que se apoderan de las almas de los vivos para atormentarlos
Al servicio de todo ello, una industria del miedo (cine y televisión), que se encarga de que las más perversas amenazas se transformen en imágenes que sean vistas por casi todo el mundo, para que penetren en la mente de todo ser humano y se conviertan en una realidad en ella. El 90% de todas las películas tiene como temática la promoción del miedo a través de alguna de sus formas, encarnado en la figura de seres perversos de todo tipo: terroristas, asesinos en serie, violadores, narcotraficantes, invasores extraterrestres, muertos vivientes y psicópatas de todas las gamas y colores, de modo que se hiperexcita así la imaginación de niños y mayores para que un montón más de miedos foráneos se añadan a los propios miedos de cada uno.

¿Cómo superar el miedo?
Con conciencia y valentía. Primero hay que tomar conciencia de que se tiene miedo y a qué se tiene miedo. Si los analizamos en profundidad, encontraremos que una parte de estos miedos son infundados y no se corresponden con ninguna amenaza real o, al menos, la amenaza no es tan fuerte como nosotros creemos. Los miedos que están fundados en alguna amenaza real se superan enfrentándose con valor a las situaciones y circunstancias que nos activan ese miedo, intentado no dejarse llevar por él a la hora de tomar decisiones. Preguntémonos
“¿qué decisión tomaría si no tuviera miedo, si fuera totalmente libre para decidir respecto a lo que siento?” Pues esa es la decisión acertada y la que hay que tomar. Vale la pena intentarlo. Es una lucha continua. A medida que uno se enfrente al miedo y tome decisiones valientes, irá experimentando el progreso interior en sí mismo, y el miedo cederá, dejando paso a la seguridad y la claridad. Hasta el punto de que un día mirará atrás y dirá, “¿cómo pude tener miedo a esto? ¡Que claro lo veo ahora!”.

¿Alguna consideración especial respecto a cómo superar el miedo a conocerse a uno mismo?
Sí. Que no hay nada malo en verse a uno mismo tal y conforme es, con sus virtudes y sus defectos. Aceptémonos tal y conforme somos.
Admitamos que estamos en proceso de mejoramiento y así no sufriremos decepciones cuando descubramos algo de nosotros mismos que no nos gusta. Aunque el sacar a la luz nuestros trapos sucios, el tomar conciencia de nuestros propios defectos, puede ser inicialmente doloroso o desagradable, merece la pena, porque es el primer paso en el camino de la progresión espiritual y es imprescindible para conseguir tanto la eliminación del egoísmo como el desarrollo del sentimiento. No tengamos miedo a los sentimientos, a manifestarlos, a expresarlos, ni a sentirnos felices cuando lo hacemos. Ya es suficiente con tener miedo de lo malo para que encima tengamos miedo de lo bueno.

Me gustaría hacerte algunas preguntas que tal vez ya te he hecho, pero que necesito volverte a hacer a modo de resumen de todo lo que hemos hablado respecto a los defectos y sus manifestaciones, los egosentimientos.
Adelante, pregunta.

¿Cómo hacer, en general, para vencer los defectos y sus manifestaciones?
El primer paso es el reconocimiento. El que ha sido alcohólico sabe que el primer paso para superar su adicción pasa por reconocer que es alcohólico. Del mismo modo, para vencer la vanidad, el orgullo o la soberbia, el primer paso es reconocer el propio egoísmo, a través de la identificación de sus manifestaciones en cada uno de nosotros. Para ello es necesario conocer detalladamente lo que es cada defecto y sus manifestaciones, a lo cual nos hemos dedicado hasta ahora.

Esto lo veo difícil.
No lo es tanto. El propio egoísmo nos lo hace ver difícil. ¿Por qué si nos es tan fácil ver los errores y defectos de los demás, nos cuesta tanto admitir los propios (vemos la paja del ojo ajeno y no la viga del otro)? Si comprendemos que estamos aquí para admitirnos como somos y, a partir de ahí, intentar mejorar, tenemos ya mucho ganado.

¿Y cómo reconocer una manifestación del defecto, si el propio defecto se encarga de confundirnos?
Una táctica a seguir es analizar cierta actuación que ha sido nuestra como si hubiera sido hecha por otro, y nosotros hubiéramos sido los receptores. Es decir, cambiarnos por los demás. Y entones, juzgar. ¿Es un comportamiento justo, honesto? ¿o se ha actuado de forma egoísta? Si opinamos igual de cierto comportamiento cuando lo hacemos nosotros que cuando lo recibimos, estaremos cerca de la objetividad. Pero si disculpamos la misma acción cuando es hecha por nosotros y la condenamos cuando es hecha por otros, estamos siendo injustos, y estaremos dejándonos llevar por nuestro defecto. Por lo tanto, para reconocernos a nosotros en nuestro defecto debemos actuar con la misma objetividad que lo haríamos si el análisis lo hiciéramos de otra persona.

¿Y qué es lo que viene después?
El segundo paso es la modificación de la actitud.
El hecho de adquirir conciencia de nuestro pensamiento egoísta, no implica que vaya a dejar de aparecer. Es importante reconocerlo, admitir que se tiene, pero evitar actuar conforme él quiere, no dejarse arrastrar por él. Dicho de otro modo, hay que decirse a uno mismo: “sé que hay egoísmo dentro en mí, pero voy a intentar que no me condicione a la hora de actuar, sino que voy a intentar actuar desde el amor”. Con este cambio de actitud conseguiremos poco a poco modificar nuestro comportamiento, nuestras acciones, hacia nosotros mismos y hacia los demás. Porque la actitud egoísta daña tanto a uno mismo como a los demás.

¿En qué sentido le daña a uno mismo?
Porque nos impide sentir el amor, que es lo más maravilloso que se puede sentir, y que es lo que realmente nos puede hacer felices de verdad.
El cambio de actitud me parece todavía más complicado que el reconocimiento del defecto. 

¿Me puedes dar algún consejo que sirva para ayudar a modificar las actitudes egoístas?
A la hora de actuar, nos podemos ayudar de la siguiente reflexión: ¿qué es lo que yo esperaría de mí mismo si fuera a ser el receptor de dicha acción? ¿Cómo me gustaría que actuara otra persona en mi lugar respecto a mí? Esto nos ayudará a detectar nuestras actitudes negativas hacia los demás, imaginando que los demás somos nosotros mismos, porque rara es la persona que se desee mal a sí misma. En este razonamiento está basada la máxima “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Por supuesto que no es fácil. Requiere una disciplina y una voluntad de mejoramiento constante. Pero si se persevera, en poco tiempo comenzará uno a sentirse diferente, más en armonía interior, más feliz, y esto le servirá de estímulo para continuar avanzando.

¿Y qué es lo que hay que hacer para manejar los egosentimientos?
Lo mismo. Primero reconocer que uno los tiene, que todos los tenemos.
Que son una manifestación del egoísmo, o de la lucha interior entre el egoísmo y el amor. Y segundo, encontrar la forma de vencerlos, a través del análisis y la reforma interior autoconsciente.

¿Qué quieres decir con reforma interior autoconsciente?
Es la reforma del interior espiritual dirigida por uno mismo, teniendo claro cuál es el objetivo de esa reforma (el avance en el amor y la eliminación del egoísmo), cuáles son los defectos, cómo se manifiestan y cuáles son las herramientas para erradicarlos. Que en ese camino de perfeccionamiento podemos aprender tanto de la observación de nuestras virtudes y defectos, como de las virtudes y los defectos de los demás. Buscad un momento de tranquilidad al día para estar con vosotros mismos, para meditar sobre los defectos, sobre vuestras actitudes del día y sobre las actitudes de los demás, sobre en qué medida habéis actuado por amor y en qué medida habéis actuado por egoísmo. Sobre en qué medida los demás han actuado por amor y en qué medida, por egoísmo. Y entonces, si lo hacéis sinceramente, se os ayudará a encontrar las respuestas que necesitáis para avanzar y se os reconfortará para que afrontéis con mayor entereza vuestras pruebas. Si detectáis actitudes egoístas en los demás, la comprensión de las mismas os hará encajarlas mejor y no despertar actitudes hostiles frente a ellos. Si las detectáis en vosotros mismos y advertís que os habéis dejado llevar por ellas, también será bueno, porque habréis tomado conciencia de ellas. Poneos el firme propósito de que la próxima vez intentaréis sentir y actuar con más amor y menos egoísmo. Así iréis avanzando un poco cada día. Y si sois perseverantes en vuestra reforma interior autoconsciente, llegará el día en que miraréis atrás y no os reconoceréis conforme erais, tomando conciencia entonces del cambio tan enormemente positivo que habéis dado.

Bueno, pero yo tenía entendido que una de las normas para ser buena persona es no juzgar a los demás y ahora tú me dices que para ser mejores personas tenemos que mirar los defectos de los demás, además de los nuestros. ¿No es una contradicción?
Esto me lo dices porque normalmente cuando la gente saca a relucir los defectos de los demás, lo hace para criticar o burlarse. Cuando alguien tiene mala intención suele ser bastante injusto y transforma y exagera la realidad con el objetivo de conseguir echar por tierra a la persona objeto de la burla, sin tener ninguna consideración por ella. Por supuesto que esta actitud es lamentable y el propio Jesús la condenó repetidas veces, diciendo “Veis la paja del ojo ajeno pero no la viga del propio”.
Es por esta razón que mucha gente con buena voluntad cree que hablar de los defectos es algo malo.
Pero la intención con la que analizamos aquí los defectos no es criticar, ni burlarnos, ni condenar a nadie, sino que lo hacemos para que nos sirva para comprender cómo actúan los defectos, para mejorarnos a nosotros y para ayudar a los demás a hacer lo mismo. Aquí se trata de ver la realidad tal y como es, sin exagerarla, pero también sin encubrirla.
Y la realidad es que la mayoría de la humanidad en este estadio comparte los mismos defectos, y que la eliminación de los defectos forma parte del proceso evolutivo. 

Porque, ¿cómo se puede modificar una conducta egoísta sin reconocerla primero?
¡Yo tenía entendido que lo que hay que hacer cuando alguien, movido por su egoísmo, te ataca, es perdonarlo!
Para perdonar es necesario comprender y para comprender es necesario profundizar en la causa que motivó el ataque, es decir, la manifestación egoísta que se activó en cada momento. Por ejemplo, una persona que actúa sacando a relucir los defectos de los demás para criticarlos en público y burlarse, está actuando bajo el defecto de la envidia, que suele ser una manifestación de la vanidad. Si uno no comprende el proceso de evolución espiritual, las etapas del egoísmo que se han de superar y cómo se manifiesta ese egoísmo en cada una de las etapas, es muy difícil perdonar actitudes egoístas como la envidia, la burla, la crítica, la calumnia o mucho peores.

Entonces, ¿es posible conocer por uno mismo en qué etapa del egoísmo nos encontramos? Es decir, ¿se puede llegar a saber hasta dónde llegan tus capacidades y tu nivel de desarrollo espiritual?
Sí que lo puedes saber. Si te esfuerzas en conocerte a ti mismo y tienes un interés sincero en desarrollarte espiritualmente sabrás en qué punto estás y cuáles son las asignaturas espirituales de esta vida que debes afrontar. Aquí intentamos dar algunas indicaciones para poder reconocerse uno mismo, tanto en las virtudes como en los defectos.
Hacerlo solo, sin ayuda, es bastante difícil. Pero es que no estamos solos en ese camino. Como ya he dicho, cada uno tiene a sus guías que, si uno quiere, le ayudan a ver lo que es difícil de percibir por uno mismo.
También hay personas encarnadas que, por su capacidad del interior, pueden echarnos un cable. Pero todo ello depende de la voluntad de uno mismo porque el que está muy atrapado por el egoísmo y no quiere avanzar, no se va a reconocer en sus defectos ni va a admitir que nadie le dé consejos. Por tanto, no va a escuchar ni la ayuda que se le presta del mundo espiritual, ni la de los hermanos más avanzados.
Lamentablemente, en vuestro mundo, la mayoría de gente se encuentra en esa situación, lamentándose de que están ciegos y sordos, pero sin querer quitarse la venda de los ojos ni los tapones de los oídos, ni escuchar a los que les están diciendo “quítate la venda y los tapones, que no estás ciego ni sordo”, es decir, se quejan de su infelicidad pero no quieren renunciar al egoísmo, que es, fundamentalmente, lo que les impide ser felices, ni están dispuestos a recibir la ayuda que necesitan para serlo.
Mañana Mas...

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