martes, 4 de marzo de 2014

Algo de Sabiduria La Oración

LA ORACION

La oración es el reconocimiento de una fuerza espiritual por parte del ser, es darse cuenta de que provenimos de algún sitio y de que nuestra manifestación aquí en la Tierra es ocasional. 

La oración fortalece nuestro espíritu y nos ayuda a sobrellevar las vicisitudes de nuestra vida. Su fuerza es de orden superior, practicándola constantemente se puede conseguir cambiar circunstancias que parecían imposibles de transformar. El cambio principal que se puede dar es sobre la persona que ora: la va transformando poco a poco, hasta llegar a ser un foco de luz.

La Oración












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Existen muchas formas de orar, pero no existe la menor duda de que la oración debería ser constante a lo largo del día. ¿Cómo? Mediante la acción. No con la palabra, sino con la acción, en todos los actos que realizamos en el transcurso del día, ofreciéndolos a Dios desde el despertar, en nuestro trabajo, en nuestra forma de hablar, en nuestros pensamientos, siendo constantemente una fuente de Paz para todos los que nos rodean. Si, además, en tu vida diaria dedicas una parte de tu tiempo a servir a los demás, entonces tu oración adquirirá vibraciones de orden superior por el servicio y sacrificio que estás realizando hacia los demás. 


El ser que adquiere como hábito esta forma de vida notará que a su espíritu se le empieza a descubrir el Universo, ya que sus necesidades son las necesidades de los demás, son sus miedos, sus dudas, sus tristezas, sus sinsabores... que llegan a formar parte de uno. Por otro lado, la oración activa dirigida a los demás debe también cuidar de las necesidades propias de cada uno, pues del propio cuidado y fortaleza se puede beneficiar muchísima gente y durante todo el tiempo que la Providencia considere necesario. Además, llega un momento en que el ser superior de cada uno puede conseguir entregarse plenamente a los demás, de hacerlo así sólo lo hará una vez.

La forma de vida es hacia donde uno debe encaminar la oración, entonces tu oración empezará a andar el sendero de la oración perfecta. Que tu oración sean tus actos, no tus palabras. Como dijo el Gran Maestro Jesús: Por sus acciones conoceréis a los auténticos hijos de Dios.

Hay que esforzarse por hacer de nuestra vida una oración, pues ella nos permitirá trascender las puertas del conocimiento, del conocimiento que traspasa todas las barreras y todos los sentidos, en definitiva, del conocimiento que nos conducirá algún día a conocer a Dios.
Enric Corbera


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